Resulta que por aquel diciembre de 2022 estaba yo de intercambio en Francia, más precisamente en Niza, y justo me tocó vivir la fiebre del mundial de Qatar en esas tierras.
Francia venía de ganar el mundial de Rusia 2018 y tenía equipo para repetir título (aunque en la Eurocopa 2021 no les fue bien: eliminados por Suiza en octavos, en penales). En fase de grupos le ganaron 4-1 a Australia y 2-1 a Dinamarca, y en la última fecha perdieron 1-0 con Túnez pero igual les alcanzó para pasar de primeros. Después en octavos se bajaron a Polonia 3-1, en cuartos a Inglaterra 2-1 y en semis a Marruecos (la revelación de ese mundial) 2-0.
Por el otro lado venía Argentina, que después del subcampeonato en 2014 había caído en octavos en 2018, precisamente contra Francia. Pero el nuevo cuerpo técnico que asumió después de ese mundial hizo un recambio total en la nómina, y armó un equipo sólido que logró ganar la Copa América 2021 (contra Brasil, y en Brasil, nada menos). Por ende había optimismo entre la hinchada, mezclado con una sensación de “es ahora o nunca” por ser el último mundial de Messi. No obstante, empezaron con el pie izquierdo perdiendo 2-1 con Arabia Saudita (!). Pero con el cimbronazo despertaron y le ganaron a México y Polonia (por 2-0 a ambos) para pasar de primeros en el grupo. En octavos le ganaron a Australia 2-1, pero en cuartos pasaron con mucho sufrimiento en penales, porque Holanda les empató 2-2 en el minuto 90+11 (!!). Luego tomaron un respiro en semis cuando despacharon fácil a Croacia 3-0.
Aunque Argentina tuvo un camino más accidentado, la verdad es que los dos equipos llegaban muy bien a la final. Todo apuntaba a partidazo, y me atrevo a decir que superó las expectativas. Algunos la han llamado “la mejor final de todos los tiempos” y muy lejos no debe estar. Pero no nos adelantemos.
Hay que aclarar que yo no soy argentino sino colombiano, pero así como muchos otros latinos estaba apoyando a Argentina en la final. Y los amigos con los que estaba en Francia también. Entonces eso de que estaba “viviendo en territorio enemigo” es más bien un decir. Ya saben, para el clickbait y todo eso.
Igual, con mis amigos nos la pasamos celebrando todo el mundial de cuenta de los triunfos de Les Bleus, especialmente los cuartos contra Inglaterra (porque el partido fue un sábado, mientras que la semifinal fue un miércoles). Pero llegado el día de la final quedamos frente a una disyuntiva. Porque por dentro queríamos que ganara Argentina, pero imaginate donde llegue a ganar Francia, la fiesta que se va a armar va a ser una cosa de locos. ¿Y entonces qué hacemos? Pues nada parce, apoyemos a Argentina, pero si gana Francia tampoco nos vamos a ir a encerrar a la casa amargados…
El partido #
Con los amigos decidimos ir al mismo bar en el que habíamos visto el partido contra Inglaterra. Un bar al que, como no podía ser de otra manera, no le cabía un alma. Sabíamos que para coger puesto había que llegar temprano. El partido era a las 4 y llegamos a las 2, pero ya no encontramos donde sentarnos. Sólo logramos conseguir una silla, la cual nos fuimos rotando entre todos durante las casi cinco horas que estuvimos ahí (dos horas esperando y tres horas de partido).
Pero es que ¿cómo nos íbamos a quedar viéndolo en la casa? Estar en el país que juega una final del mundial es una oportunidad única. Había que vivir la experiencia. Entonces estábamos ahí, tres infiltrados en un bar lleno de franceses. Y la expectativa al máximo.
Al final del primer tiempo, Argentina 2-0 arriba y el bar parecía un velorio. Con los goles de Messi y Di María, mis amigos y yo apenas nos miramos, celebramos con los brazos, sonreímos, pero no nos atrevimos a gritar gol. El instinto de conservación que llaman.
Pero faltaba mucho, y el segundo tiempo guardaba sorpresas. Empezó todo igual, sin mucho peligro para Argentina. Pero promediando el minuto 80, cuando ya todo pintaba a que iba a ser un trámite, Mbappé hizo dos goles en tres minutos y desató la locura. El bar parecía que se fuera a derrumbar. Cerveza volando por todos lados, la gente saltando encima de las mesas, vasos rotos, allez Les Bleus. Y nosotros apenas nos mirábamos como diciendo, uy parce, se complicó esto… Tiempo extra y la tensión a tope.
Cuando celebramos los goles de Argentina como que no nos vieron, quizá porque el bar estaba oscuro y la gente estaba pendiente del TV. Pero cuando Mbappé hizo el segundo, uno que estaba al lado de nosotros se volteó y nos dijo, entre francés e inglés, hey muchachos, ¿y ustedes por qué no están celebrando? ¿no será que son hinchas de Argentina o sí? Se nos debió ver el susto en las caras, porque luego se rio y dijo, relajados ome que no pasa nada, ¡todo bien!
El primer tiempo extra pasó sin mucha novedad. Pero el segundo fue con las pulsaciones a mil. Primero se fue arriba Argentina con gol de Messi, pero inmediatamente después hubo penal y lo volvió a empatar Mbappé para el delirio de toda Francia en general, y de los presentes en el bar en particular. El marcador no se movió más, aunque en el último minuto Francia tuvo una clarísima que el arquero Martínez logró desviar milagrosamente. 3-3, penales y la tensión al límite del infarto.
Con el primer cobro de Francia hubo algarabía, pero luego botaron dos (uno atajado y otro desviado) y ya la cosa se veía muy de para arriba. Cuando metieron el cuarto penal la celebración fue tímida. Argentina no había fallado ninguno, y cuando Montiel metió el cuarto, el que le daba el título a Argentina, fue un silencio total. Lo único que se escuchó fue a mi amigo gritando gol (pero sin dar mucho visaje tampoco) y levantando los brazos. Los demás nos contagiamos de su energía, ya no nos importaba nada, celebramos, nos abrazamos, no la podíamos creer. Los del bar apagaron los TV inmediatamente y la gente se empezó a ir. A Messi levantando la copa nos tocó verlo por YouTube al otro día.
El desenlace #
Salimos a la calle y era un mar de franceses cabizbajos. Algunos grupos pequeños de argentinos celebrando. Un man corriendo como loco con una bandera de Argentina.
Pusimos rumbo a la estación del tren, pero cuando llegamos a la plaza Masséna vimos que no se iba a poder. Resulta que algunos hinchas locales decidieron descargar sus frustraciones futbolísticas contra las paradas de bus, vidrieras de almacenes y canecas de basura, lo cual inevitablemente derivó en la llegada del ESMAD francés (?) y la correspondiente dosis de gas lacrimógeno.
En lugar de buscar una ruta alterna preferimos devolvernos y esperar a que se calmaran los ánimos. Un par de horas después volvimos rumbo a la estación y vimos los resultados del tropel. Vidrios rotos, basura regada, canecas quemadas, humo en el aire, una que otra hoguera todavía ardiendo, uno que otro encapuchado todavía rondando.
Y bueno, ganara quien ganara sabíamos que iba a ser una experiencia única. Fuimos afortunados de estar presentes en el país que juega la final del mundial. Porque es probable que la humanidad se extinga por el cambio climático o por la singularidad de la I.A. antes de que la selección Colombia llegue a una final. No pudo ser para Francia, y nos quedamos sin vivir la celebración del campeón, pero nos quedó la experiencia de vivir la final en territorio enemigo.